domingo, 21 de julio de 2013

Ir de bodega.



Grupo de bodegas junto a la carretera que va a Valdespino y Sahagún.
Algunas tienen merenderos o cuarteles.
Cualquier día del año se iba y se va a la bodega, pero mucho más durante el verano, para aliviarse algo de los calores y las molestias que ocasionan. Y es que el frescor que hay dentro de la cueva es algo especial, además del atractivo que el vino pueda proporcionar.
Ir de bodega se puso de moda y fue siempre uno de los entretenimientos y distracciones más agradables para los vecinos y forasteros en los pueblos pequeños. Y por supuesto también de Joarilla. Hasta tal punto que algunos casi todos los días hacían una visita a su bodega, por la mañana o por la tarde. Y lo hacían para tomar un vino fresco, o para coger vino y llevarlo a su casa, tal como hacía Florentino a quien recuerdo haber visto pasar todos los días por la plaza mayor, camino de la bodega con su pequeña garrafa, la ración de cada día.  Al pasar cerca del caño de la plaza alguien le decía que la llenase de agua. “El agua para las ranas”, contestaba él.
Y es que según él mismo contaba, no probaba nunca el agua. Y así pasó gran parte de su vida. Bueno, hasta que los médicos se la recetaron como medicina, para evitar muchas de las inyecciones que tuvo que ponerse antes de su muerte. Florentino era una buena persona, muy popular y con mucho ingenio, a juzgar por los dichos y expresiones graciosas que se le ocurrían. Había otras personas de tal guisa en Joarilla a las que todos los vecinos conocían y reían por sus gracias y ocurrencias: Isidro, Eterio,  etc. Gente sencilla y humilde,  pero llenos de buen humor y merecedores de un pequeño recuerdo.

Isidro delante del cuartel de Dalmacio. Fotografía de la década de 1980.
Un grupo de amigos a la abrigada de un cuartel en las bodegas. Año !985.
Pero a la bodega se iba y se va más por la tarde, a la hora de la merienda, cuando el sol está a punto de ponerse, u ocultarse, y comienza a correr un viento fresco. Y se merienda a la puerta, en los merenderos preparados para ello, o en los cuarteles, edificios que hay en el exterior para usos  diversos. Algunos prefieren hacerlo en el interior de la cueva, por más que en ella el frío sea, a veces, excesivo. Y van familias enteras, padres, madres e hijos. También los familiares y amigos que están de vacaciones en el pueblo. Era y es una forma de convivir todos juntos en el campo y al aire libre,  al tiempo que se merienda o se cena.

A la bodega se va a tomar un vino y un aperitivo...
...o a comer o merendar, con familiares y amigos.
Y van niños, jovenes y mayores para pasar un rato de convivencia.
Cuartel de una bodega rodeado de vegetación. Hacia 1980.
Ir de bodega se ha convertido en un rito, algo instaurado desde hace mucho tiempo por los antepasados, desde que se plantaron las viñas y comenzaron a elaborar el vino, también de forma casi ritual y totalmente manual, en estas cuevas más o menos profundas. Ahora todo ha cambiado y las máquinas van reemplazando poco a poco a las manos del hombre.
En la bodega todo sabe bien, la comida y también la bebida, aunque se trate solamente del vino, el clarete leonés que refresca las gargantas y contribuye a que la tortilla, el bacalao, el jamón, el chorizo, el queso, etc. se saboreen más y mejor.
A pesar de la modernidad y de los avances técnicos e industriales, en Joarilla y demás pueblos de la comarca se sigue yendo de bodega, o a la bodega. Y aunque se meriende en el exterior, en casetas o cuarteles, como los llaman, no se deja de hacer una visita a las profundidades de la cueva, para ver sus paredes de tierra dura, el lagar, las cubas y cubetos, el pilo y el pozal, y también para sentir el frescor y el olor al vino. Una buena forma de preparar el paladar antes de la comida. 

Aunque se meriende fuera, se visita también el interior.

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