viernes, 8 de abril de 2011

De Joarilla a Melgar de Arriba.

Mapa de la zona norte de Valladolid con los pueblos de la comarca. ----------------------------------------------------


Edificio del Ayuntamiento de Melgar de Arriba con la fachada de ladrillo y reloj sobre el tejado.


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Iglesia de san Miguel, de grandes dimensiones y a las afueras de pueblo.


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El depósito del agua oculta la importante torre de la iglesia de Santiago de Melgar de Arriba.


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Restos de las naves de la antigua iglesia de Santiago.


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Palomares, al sur de Melgar de Arriba, en medio de sembrados, y ya en las llanuras de la Tierra de Campos.


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Dulces y pan de Melgar de Arriba en una Feria de Mayorga de Campos.


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Antiguamente el viaje se hacía por Valdespino, pues la distancia era más corta. No se contaba con la carretera de Melgar de Abajo. Ahora se va, con más facilidad, pasando por este pueblo, aunque haya que recorrer algún kilómetro más.

Melgar de Arriba está más cerca de Sahagún y es, o era, uno de los pueblos más importantes de esta comarca del norte de Valladolid, junto al río Cea y en donde comienza ya la Tierra de Campos.

Su población, como la de casi todos los pueblos próximos ha ido también disminuyendo. Son muchos los que se fueron a trabajar a Valladolid y a otros lugares de España.

Conserva casas de adobe o tapial y también de ladrillo, algunas de ellas como señoriales. Y es que sus propietarios poseían y cultivaban grandes extensiones de terreno a uno y otro lado del Cea. Eran aquellas familias de las que se decía que eran “ricas” o los “ricos del pueblo” porque tenían muchas tierras, gran casa y amplias y variadas dependencias agrícolas. En todos los pueblos las había y muchos vecinos trabajaban para ellos como jornaleros.

Al llegar a Melgar de Arriba desde Sahagún vemos, a la izquierda, la iglesia de san Miguel, de gran tamaño y con importante retablo gótico. Y al recorrer las calles del pueblo, una de ellas nos conduce hasta las ruinas de la iglesia de Santiago, edificio mudéjar del siglo XV, y de la que sólo se conserva, restaurada, la torre del campanario. Desde este lugar elevado se divisa el río Cea y toda la paramera cercana a Sahagún con muchos pueblos, más o menos lejos, entre ellos Joarilla. Este Melgar dispone de algunos servicios más que el de Abajo. También destaca por sus fiestas sobre todo la de san Miguel. Y desde hace años algunos vecinos emprendedores han conseguido que su pueblo sea famoso y se conozca un poco más por la elaboración de dulces, y también de quesos artesanales, que muchos comarcanos han degustado.

domingo, 3 de abril de 2011

La imagen. El Rincón de Suintila.

Antiguo Rincón de Suintila o solana de la señora Anastasia, hoy construcciones de ladrillo. -------------------------------------------------

Calle Mayor hacia arriba. A la derecha el rincón de Suintila.


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Esta imagen, totalmente cambiada por el paso del tiempo y el progreso, se corresponde con el lugar que los vecinos del pueblo llamábamos rincón de Suintila. Y es que allí vivían Suintila, Miguel y sus hijos. Pero también tenían su casa mis abuelos Sixto y Anastasia, de feliz y añorado recuerdo. De hecho algunos también denominaban al lugar ‘la solana de la señora Anastasia’. El adobe o tapial, con ventanas o ventanucos enrejados en las paredes y con chimeneas sobre los tejados, ha sido sustituido por los ladrillos y el cemento, más de acuerdo con los tiempos actuales. (La foto “recuerdo” es distinta. Si alguno tuviese una imagen real antigua que nos la envíe para ver la diferencia).

En el rincón de Suintila se tomaba el sol por la mañana y la sombra por la tarde. Y en muchas ocasiones algunos vecinos se resguardan de vientos fuertes y fríos. Era un lugar como otros del pueblo en el que siempre había gente, unos pasando el rato hablando entre ellos, y otros, sobre todo las mujeres, que allí cosían, tejían, o se divertían jugando a las cartas sentadas en torno a una mesa.

Los niños y jóvenes jugaban en la calle, o junto al lugar, y en algunos momentos se acurrucaban en grupo en el mismo ángulo del rincón y se pasaban horas contando cosas ocurridas en el pueblo o en los pueblos próximos, o cuentos y leyendas que ellos habían escuchado con anterioridad. Y las sesiones podían durar hasta muy entrada la noche, con lo que la admiración o expectación ante el relato podía ser mucho mayor, si los temas tratados o contados tenían que ver con muertos, ladrones, brujas, etc.

El pavimento de la calle era el natural, de tierra que, si llovía, se convertía en barro. Y había aceras solamente a la entrada de algunas casas, no de todas. Cuando esto ocurría y el tiempo no lo permitía, el rincón estaba casi siempre vacío, y a la espera.

También en la actualidad se encuentra casi siempre sólo. Pero no a causa del mal tiempo, ni de las lluvias, etc., sino porque viven pocas personas en la calle y en el pueblo. Además, aunque no fuese así, son otras las distracciones o formas de entretenerse: bares, televisión, ordenador, bicicleta, viajes, etc.

Pero el rincón de Suintila o la solana de la señora Anastasia allí siguen, en la calle Mayor de Joarilla y no lejos de la Plaza. Ahora con la calle asfaltada, las casas de ladrillo con cemento y con aceras, fruto de un mayor progreso y bienestar. Pero falta el sabor antiguo y tradicional del lugar, y la sencillez de las personas que entonces lo habitaban en paz y con tranquilidad: Suintila y Miguel con sus hijos, lo mismo que Rafael y María. La señora Ángela y Clara, y, por supuesto, los abuelos Sixto y Anastasia con algunos de sus nietos.

viernes, 25 de marzo de 2011

De Joarilla a Melgar de Abajo.


A la izquierda de la ermita cogeremos la carretera que nos llevará hasta Melgar de Abajo.

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En las Eras, lugar dedicado, antes, solamente para trillar, se han construido casas, naves para recoger los aperos, y granjas de ovejas y de vacas.
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Una de las naves que se ven, cerca de la carretera de Melgar.
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Siguiendo la carretera dejamos a la derecha el camino que conducía a la Caperuza.
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Y, un poco más adelante, a la izquierda y a lo lejos, vemos la caseta y finca de Valdecea.
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Pasaremos el pequeño puente sobre el Arroyo de la Vega.
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Y al fondo y muy cerca ya, el pueblo de Melgar de Abajo.
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Y, en Melgar, desde su altura, se ve a lo lejos Joartilla, que destaca por su torre alta y mudejar.
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Melgar de Abajo, uno de los pueblos al otro lado del río Cea y donde comienza ya la Tierra de Campos, se encuentra muy cerca de Joarilla. Aunque pertenece a la provincia de Valladolid es muy visitado, junto con Melgar de Arriba, que está un poco más hacia el este, pero en la mima meseta, al lado del río.
Y es que desde hace ya varios años desde Joarilla a Melgar hay una pequeña carretera, estrecha, y a veces maltrecha, que invita a circular por ella hacia Mayorga, Valderas y Valladolid.
Los Melgares son pueblos con mucha historia y conservan iglesias antiguas de ladrillo y algunos otros edificios de importancia. Al estar en lugar elevado se divisan a lo lejos desde muchos kilómetros a la redonda.
Para ir desde Joarilla a Melgar de Abajo cogemos la carretera que parte de la Plazuela de la Ermita del Humilladero. Dejamos, a la derecha, las Eras, hoy con algunos edificios construidos en ellas, destinados a guardar maquinaria o a granjas de oveja o de vacas. y, a la izquierda, tierras sembradas, o en barbecho, con algún palomar, el valle o prado de abajo, roturado en parte. Al fondo, en una elevación, se divisa Valdecea, con la casa y los árboles que la rodean. La palabra Valde no otra cosa indica que el valle, que se encuentra al lado y que llega hasta el mismo río Cea.
Antes de llegar a Melgar podemos ver una plantación de viñedo, amplia y moderna, “Melgarejo”, que se convertirá, no tardando, en una referencia más de calidad para el vino rosado de la zona, vino que, en Joarilla, siempre se denominó el “clarete”. Incluso fuera de la provincia se conocía como el “clarete leonés”.
Poco después pasaremos por el pequeño puente sobre el “Arroyo de la Vega”, arroyo, ahora siempre con agua, pero que, antiguamente, solamente se la veía correr cuando se desencadenaba alguna tormenta con abundantes lluvias.
Antes de llegar al pueblo de Melgar atravesaremos la “zamorana”, cañada así conocida y denominada por todos, y, después, el río, rico en agua y con riberas cargadas de abundante vegetación. Y es que desde que los canales y acequias para los regadíos se han puesto en marcha, el rico y apreciado tesoro, como es el agua, está más al alcance y al servicio de todos.
Al subir al pueblo y echar la vista atrás podemos contemplar a lo lejos Joarilla: su torre que destaca sobre los demás edificios, los campos sembrados o en barbecho, viñedos y valles, algunos árboles en medio las tierras de pan y vino dar o llevar, los caminos que desde distintos pagos conducen hasta el pueblo, y también la carretera por la que hemos llegado desde Joarilla a Melgar de Abajo.

sábado, 19 de marzo de 2011

De Joarilla a Valdespino Vaca.



Desde la calle de El Puente nos dirigimos a Valdespino y a Sahagún.

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A la izquierda dejamos la fuente de El Chopo.
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Y lo que queda del edificio de la antigua fábarica de alcoholes y aguardientes.
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En este lugar había una importante huerta protegida por tapias a su alrededor.
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A la derecha dejamos las bodegas, o al menos una parte de ellas.
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Iglesia de Valdespino, cuyo pórtico da a la Plaza del pueblo.
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El ábside de la iglesia es de ladrillo y cuadrado, como los de las iglesias de Joarilla y de San Miguel.
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Aún conservan en Valdespino el antiguo frontón de pelota, deporte muy practicado antiguamente en toda la comarca.
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Palomar de adobe y tapial, con tronera reparada con ladrillos, en el que todavía siguen habitando las palomas. Ojalá que por muchos años.
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Con Valdespino Vaca, pueblo también perteneciente al Ayuntamiento de Joarilla, nos encontramos muy pronto, cuando nos dirigimos a Sahagún, el centro comarcal. Para algunos es también un paseo agradable, aunque el paisaje sean tierras sembradas o en barbecho, viñas, valles con algunas choperas, pueblos en el horizonte, etc.
Al salir de Joarilla y pasar el puente sobre el Reguero, dejamos a la izquierda la fuente de El Chopo, ahora reparada y con buen aspecto, lo que queda de la antigua fábrica de alcoholes y del huerto que había a continuación. Y a la derecha quedan los Manaderos y la Alameda, lugares muy recordados por los mayores y también por los más jóvenes.
Y, después de pasar las bodegas que se encuentran a uno y otro lado de la carretera y el valle y puente de Valdepalacio, ya desde el alto, podemos ver a lo lejos, además de Valdespino, Valdecea, Melgar de Abajo y de Arriba, Gordaliza del Pino, Vallecillo, San Miguel y hasta Villeza. Esto es lo que, de positivo, entre otras cosas, nos ofrecen las tierras llanas o con pocas elevaciones.
Al llegar a Valdespino, nos sorprenderán bandadas de palomas revoloteando sobre los palomares que se ven muy cerca. Si seguimos por la carretera, que atraviesa el pueblo, por una calle, a la izquierda, podemos acercarnos a la Plaza en la que encuentra la iglesia y el edificio que antiguamente eran las escuelas, hoy dedicado a otros menesteres. También en la Plaza hay una fuente.
Siguiendo en dirección a Sahagún, aún tenemos que pasar sobre otro puente, sobre otro Reguero, de otro valle, en este caso procedente de la parte de Gordaliza del Pino.
Y, a la salida del pueblo, vemos que sigue en pie el antiguo frontón para el juego de la pelota y, de nuevo nos despide un bonito palomar, en proceso de deterioro, pero en el que las palomas siguen habitando. Ellas, aunque no saben de ruinas ni destrucciones, sí merecen un respeto. Por eso desearían que su palomar siguiera en pie por mucho más tiempo. Pero esto es cosa de los hombres que saben y valoran muy bien el patrimonio arquitectónico y respetan las construcciones típicas y tradicionales que hay en muchos pueblos de Castilla y León, y también en Valdespino.

domingo, 13 de marzo de 2011

De Joarilla a San Miguel de Montañán


Arboleda con manantial, junto a la carretera de Joarilla a San Miguel.

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Cementerio e Iglesia de San Miguel, a las afueras del pueblo.
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La iglesia de San Miguel con el pórtico y la puerta de entrada.
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Fuente con el caño por el que aún sigue saliendo agua, de gran utilidad para los vecinos.
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Plazuela en la que se encuentra la antigua casa parroquial, pintada de blanco.
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Balcon y puerta de madera, con llamador de hierro de la que era casa parroquial.
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San Miguel de Montañán es, junto con Valdespino Vaca, uno de los pueblos que pertenece al Ayuntamiento de Joarilla. Se encuentra a poco más de un kilómetro de distancia, lo que hace que para algunos joarillenses acercarse a San Miguel sea un paseo diario o muy frecuente. Y es que además, desde la carretera y sobre todo si el día está claro y soleado, se puede disfrutar del paisaje: los abundantes viñedos, el prado de arriba, tierras en barbecho o sembradas, bodegas de San Miguel y también de Joarilla, y un horizonte amplio, se mire para donde se mire.
Al llegar vemos la iglesia con el cementerio a su lado. Su torre, lo mismo que su ábside cuadrado, es de ladrillo, del mismo estilo que la de Joarilla, pero de menor altura. Y ya en el pueblo hay que destacar una antigua fuente, por cuyo caño sigue saliendo el agua desde hace ya muchos años. Con ella se abastecía antiguamente el pueblo, a falta de otros pozos y menos aún del agua corriente, que en la actualidad llega a todos los domicilios.
Frente a la fuente una pequeña plaza en la que aún se conserva y destaca la casa parroquial, de tapial y con capacho, pero pintada de blanco. En su puerta de madera, de dos hojas y bien conservada, todavía se puede ver el llamador de hierro, de los de puño, que artesanos herreros locales solían hacer en sus fraguas o herrerías.
Hubo una época en la que todos los pueblos, por pequeños que fuesen, tenían párroco o cura. Y este era una autoridad en el pueblo desde el punto de vista religioso y también no religioso. Prueba de ello es que disponían de casa, incluso en mejores condiciones que otras del pueblo, y casi siempre cerca de la iglesia Pero los tiempos y la sociedad han cambiado y también los pueblos como San Miguel de Montañán, que se encuentra a poco más de un kilómetro de Joarilla y a cuyo Ayuntamiento pertenece.

sábado, 26 de febrero de 2011

La imagen: Carro de viga o de par.


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Este carro, el más utilizado en Joarilla, como en otros pueblos, allá por la década de 1950, era llevado primero por vacas y después también por mulas o machos, caballos, e incluso burros.
Con él se realizaban parte de las tareas agrícolas: llevar el abono a las tierras antes de la siembra; acarrear la mies y llevarla a las eras para realizar la trilla. Se ponían unas redes de cuerda, para coger más y hacer mejor el transporte; llevar la paja a los pajares que había en la parte de atrás de las viviendas, previa colocación de unos tableros en el mismo; con él se transportaba también el trigo, en costales o sacos, desde la era hasta la paneras o sobrados de las casas, etc.
Y cuando en la comarca se celebraba alguna romería se acudía con los carros cargados de gente, junto con la comida y demás avituallamiento e impedimenta necesarios para pasar el día.
Las vacas solían andar despacio. Y para que no se detuvieran o fuesen más deprisa se las pinchaba con la ijada, una vara larga en uno de cuyos extremos tenía una punta clavada. El que dirigía el carro llevaba en sus manos los ramales que estaban enganchados, con una especie de garfio, a las fosas nasales de los animales. Tirando del ramal hacía ir a las vacas para un lado o para otro.
A los niños, a falta de bicicletas, patinetes y otros instrumentos, les gustaba subir a los carros con sus abuelos, padres u otros parientes, cuando iban a realizar algún trabajo.
Las vacas, con las melenas sobre su rostro para evitar a las moscas y otras molestias, iban bien amarradas al yugo con las correas y el yugo bien atado a la viga del carro. Solamente así podían arrastrar con fuerza el carro que, en ocasiones, iba cargado con mucho peso.
En la imagen un carro pasando por la calle en un pueblo de la comarca de Benavente. Calle sin asfaltar y con casas de adobe y tapial. Las grandes ruedas con sus aros de hierro erosionaban con frecuencia el pavimento de la calle. Pareces ser que por dicho lugar ya se podía ver el coche Seat 600.

domingo, 20 de febrero de 2011

Puertas y corrales


Puerta de entrada a una vivienda antigua. (Foto Alfonso Crespo).

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Puerta trasera de vivienda antigua, que da al portalón y al corral.
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Las casas antiguas, sobre todo las de los agricultores, tenían dos puertas, la de entrada a la vivienda o principal, de madera y de una sola hoja, y otra más amplia por la que se accedía directamente al corral, en donde había otras dependencias. Ese espacio se denominaba portalón.
El portalón, estaba cubierto, servía para recoger los carros y algunos otros útiles agrarios que convenía que no estuviesen a la intemperie. Su puerta, de gran tamaño y doble hoja, era de buena madera y a veces tenía como adorno clavos de hierro. Incluso en una de las hojas había una puerta más pequeña para entrar las personas, y no tener necesidad de abrir toda ella.
A veces los portalones se convertían en almacenes de las más variadas cosas.
El corral, sin embargo, es un espacio abierto que está en la parte posterior de la casa. Algunos tienen corrales de gran tamaño, dependiendo de la necesidad y utilización que se haga de él. Si se trata de agricultores o ganaderos el corral es más amplio, pues en su entorno están los pajares, las cuadras, etc. Y todo lo demás que solían tener los corrales: pocilga para el cerdo o los cerdos, gallinero, conejera, etc. Y es que en casi todas las casas, durante el año, se criaba un cerdo o más de uno, había gallinas y se criaban pollos y no faltaban los conejos, muchos o pocos, dependiendo a veces de las necesidades.
Para la alimentación de estos animales, cerdo, gallinas y pollos, se utilizaban los cereales, molidos o sin moler. Y para los conejos se traía del campo alfalfa, mielgas u otras plantas que era de su agrado. Era frecuente ver a la gente cargada con haces de plantas verdes cuando venía de ‘coger para los conejos’.
Y antiguamente, cuando no se disponía de agua corriente y servicios en las casas. el corral o la cuadra, una de sus dependencias, eran los lugares que se utilizaban para el alivio de las necesidades físicas, más o menos perentorias.
Algunos corrales tenían árboles sobre todo higueras, membrillos o nogales que, durante el verano, además de proporcionar sombra, contribuían en alguna medida al frescor del lugar. De ahí que las familias pasasen también muchos ratos en el corral para aliviarse de los calores.