domingo, 18 de julio de 2010

La imagen. Dulzaina y tamboril.


En el pasado de Joarilla todos se acordarán del protagonismo que tenían y siguen teniendo, aunque de otro modo, estos instrumentos musicales, sobre todo cuando llegaban Los Pastores. Y es que con sólo oírlos la gente se alegraba, pues anunciaban la fiesta.
Al son de la dulzaina y el tamboril se bailaba o danzaba y también se cantaba. No se necesitaba una gran orquesta, banda o grupo musical, para divertirse a lo grande.
Los dulzaineros, por su parte, conocían bien sus obligaciones: pasacalles, rondas y bailes, y también acompañar con su música al cura, al alcalde y mayordomos, entrante y saliente, de la cofradía en algunos momentos de la fiesta. Uno con bastón de mando, otros con la varas de cofrades y ellos, lo dulzaineros, con sus instrumentos musicales, la dulzaina y el tamboril. Y siempre tocando y en marcha hacia la iglesia, o hacia la casa del cura para acompañarlo hasta la iglesia y comenzar la misa y la procesión.
La imagen nos sitúa en el pasado y nos sirve para recordar a algunas personas, y también para conocer este momento de la fiesta. Incluso para ver los cambios que ha habido en las calles, las casas y la forma de vestir y de estar de los vecinos de Joarilla.

domingo, 11 de julio de 2010

La imagen. Calle Mayor.



Es una de las más largas y anchas del pueblo. Va desde las Eras hasta la Plaza Mayor. Como vemos en la fotografía, hace 50 o 60 años, su pavimento, como todas las demás de Joarilla y de casi todos los pueblos, era de tierra, que se convertía en barro cuando llovía en invierno o en cualquier otra época del año.
Se puede ver el tapial o el adobe utilizado en la construcción de las casas y demás edificios, en pie o en ruinas. Pocas eran las de ladrillo.
Los días de fiesta pasaban siempre por la calle las procesiones u otros desfiles con o sin charanga, para anunciar el acontecimiento. Esto hacía que muchas personas, que no asistían a los actos, asomasen a su puerta para verlo.
En esta ocasión se trata de uno de los días de la fiesta de Los Pastores, por la que es conocido el pueblo y que tanta fama le ha dado. Los músicos y danzantes ya han pasado y la gente, niños y mayores, aparecen de espaldas. Al fondo se ve un carro de par, precisamente a la puerta del carretero Paco, el marido de Julia, que era quien ejercía este oficio en el pueblo por aquellos años.
Un poco más abajo de lo que aparece en la imagen se encontraban la casa de Suintila y el rincón en donde está, ahora ya de otra forma, la casa de mis abuelos Sixto y Anastasia.
El rincón era lugar de reuniones, juegos y tertulias, allí se hacía con frecuencia un pequeño filandón. Se trataba de otros tiempos, otras gentes y otra forma de vida.

martes, 6 de julio de 2010

El Abrojal.


El Abrojal en la parte sur, junto a la calle La Quintana.



Vista del Abrojal desde la parte oeste de la calle de Las Cruces.

La Calle de Las Cruces, sobre la que escribiré en otra ocasión, y que va desde la plaza de la ermita hasta la plaza de la escuela, tiene casas en la parte noroeste, pero en la parte sureste, más al mediodía, lo que hay en casi todo el trayecto, es una tierra que se denomina El Abrojal.
La Calle de las Cruces desde la parte baja, cerca de la plaza de le Escuela.
Otra vista de parte de la calle de Las Cruces.

Como ocurría con casi todas las tierras del pueblo, unos años se sembraba de trigo u otros cereales, y otros años no, permanecía en barbecho o descanso..
Cuando estaba en barbecho la tierra se llenaba de abrojos, esta planta de tallos largos y rastreros, hojas compuestas y fruto casi esférico y armado de muchas y fuertes púas. E incluso cuando se sembraba también se llenaba de dicha planta, lo que era muy perjudicial para la siega y para la misma cosecha.
Por el abrojal, estuviese o no sembrado, apenas se podía andar y menos pisar las plantas, pues se exponía uno a los pinchos del abrojo.
El terreno, que está elevado respecto al resto de la calle, ha pasado por distintos dueños. En la actualidad es propiedad de la familia de José Luis, el hijo de Amón (ya fallecido) y de Gloria. En la parte de arriba, al terminar la calle, frente al Mentirón y cerca de la plaza de la Ermita, hace años ya que construyeron un chalet y viven allí José Luis con su madre, su hermano Máximo y su tío Dalmacio.
Al fondo del Abrojal destaca el chalet de José Luis, el hijo de Gloria.
Gloria, la madre de José Luis, sentada en el porche de la casa.

El chalet está rodeado de un pequeño jardín, un huerto con árboles frutales, y, orientado al mediodía, tienen un palomar, que, con toda seguridad, José Luis atenderá muy bien, y le servirá de distracción y entretenimiento. Esto le permitirá revivir de cerca y recordar sus cacerías de palomas y de no palomas. Y es que estamos ante un experto cazador, yo diría que por nacimiento y por vocación.
El Abrojal era considerado, por entonces, las afueras del pueblo y no sé por qué, pues desde este lugar hasta el centro no hay más de 200 metros. Incluso la plaza de la Escuela y ahora el mismo Ayuntamiento están a poco más de 50 o 60. Estoy seguro de que la culpa la tenían los abrojos, cuyos pinchos casi todos, de niños, habían probado y su picor no les había dejado un buen recuerdo.
Ahora está sembrado de avena y, a pesar de que la cosecha de cereal este año parece ser que es buena, el abrojal sigue sin destacar por su producción y en ello puede influir hasta su fama.





jueves, 1 de julio de 2010

La imagen: El Caño


En el centro de la Plaza Mayor estaba la fuente que todos llamábamos El Caño. Era como un lugar de encuentro o reunión: Vete al Caño a por agua, Te espero en el Caño, Voy a echar un trago de agua al Caño, etc., se oía con frecuencia. Lo cierto es que eran tres tubos o chorros por los que salía el agua de la fuente. Pero nadie la llamó fuente de los tres caños. Sobre el tubo artesiano habían construido una estructura de cemento en donde caía el agua y en el centro una especie de monolito, que se aprecia algo en la fotografía.
Los chorros de agua no eran uniformes y en ocasiones un caño funcionaba mejor que los otros y la gente procuraba llenar en éste sus calderos, cántaros, botijos y demás recipientes, pues se hacía con más rapidez.
Por la mañana, desde muy pronto, personas de todo el pueblo llegaban al caño para abastecerse del agua necesaria para cocinar y demás tareas domésticas. Y es que el agua era muy buena, y además la fuente estaba en el centro del pueblo. Había otras dos, no pozos artesianos, el Chopo y Valdelafuente, que también prestaban un gran servicio sobre todo a los que vivían en la zona en la que se encontraban.
Alrededor del Caño, algo separados del mismo, se construyeron unos poyos de cemento, en los que la gente se sentaba mientras se llenaban de agua los cacharros. Y allí se hablaba de todo y de todos. Se estaba a gusto en el lugar, pues se disfrutaba de la sombra de las acacias y del olor de sus flores a partir de la primavera. Acacias que, si no eran centenarias, les faltaría poco para serlo. ¡Qué pena de su desaparición¡.
Los cambios y la modernización de calles y plazas han acabado, en Joarilla como en los demás pueblos, con árboles, caños o fuentes, y tradiciones o costumbres que fueron muy del agrado de las personas mayores y que ahora solamente pueden recordar.
Gran parte de las personas que pasaban por la Plaza se detenían en el lugar para descansar un rato, sentados en los poyos, y de paso echar un trago de agua. Siempre fue un lugar de reunión, para mayores y también para los niños, a los que gustaba jugar con el agua. En ocasiones se fotografiaban juntos, como nos muestra esta fotografía del año 1947. A través de las imágenes podemos conocer el pasado de las personas y la forma de vida y costumbres.

martes, 29 de junio de 2010

La Dehesa

Hace unos días visité en compañía del amigo José Luis, el hijo de Amón y de Gloria, la Dehesa. Quería conocer in situ, cómo estaba el lugar, ver lo qué se conservaba de la casa o casas, del estanque, de la bodega, de la fuente y del huerto, y también de las viñas y árboles que las rodeaban.
Al haber pasado tantos años sin acercarme por allí, la situación en que se encuentra todo me ha sorprendido, pues el cambio sufrido ha sido grande, motivado en parte por la concentración parcelaria, las ventas y reventas de unos y de otros, unido todo ello al antiguo abandono que acabó con casas y con todo lo demás que formaba parte de la antigua propiedad.
Restos de la casa y demás dependencias hace años, ante de realizarse la concentración parcelaria.
Lugar en el que se encontraba la casa, y restos de la misma en el mes de Junio del año 2010.

De la antigua Dehesa podemos decir que no queda más que el recuerdo para los que vivieron en tiempos pasados. Ahora todos son campos de trigo o cebada, incluso el lugar en que estaba la casa, el estanque y la bodega. Y también parte de las viñas, descepadas unas y otras convertidas en eriales. Tan sólo pude ver la fuente y el huerto, que son precisamente propiedad de José Luis y que él mismo cultiva y mantiene en buen estado.
Vista del valle con agua durante todo el año, procedente de los desagües de los regadíos.
Caño de agua que pasa por el centro del valle.
José Luis junto a la fuente de la Dehesa, lo único que se conserva de ella.

Sobre la fuente y el huerto, que están cerca del valle, se encontraba la bodega y en la parte superior la casa, mejor la casona, pues se parecía más a esto, por las numerosas dependencias y servicios que tenía: amplias habitaciones, cocinas, cuartos de baño al modo antiguo, salones, etc. Construida en gran parte con ladrillo, en el interior no faltaban los baldosines en las paredes de algunas habitaciones, ni las baldosas en el pavimento. Contaba con un amplio patio interior y su entorno había cocheras y cuadras.
Sobre el tejado de la misma destacaba una tronera que hacía de mirador. Desde ella se contemplaba toda la posesión, pues además disponía de ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales.
Cuando la Dehesa pasó a ser propiedad de los vecinos de Joarilla (lo comentaré otro día) el guarda del campo subía con frecuencia al mirador y desde allí podía ver y conocer dónde se estaba cometiendo alguna infracción.
No lejos de la casa estaba el estanque, junto a un pozo con cuya agua se llenaba a través de un tubo a él conectado. El agua era ferruginosa y se decía que era buena, a pesar de su excesivo sabor a hierro. Además de para beber las personas y los animales, la utilizaban para regar y lavar aperos agrícolas. En el estanque también nos bañábamos algunas veces durante los meses de verano.
Lugar en el que estaba construido el estanque y el pozo de aguas ferruginosas que proporcinaba el agua.

Los caminos que conducían a las viñas estaban rodeados de árboles frutales de perucos, peras, manzanas, guindas, etc., aunque había también almendros y algún acerolo. Todos los que pasaba por allí probaban la fruta, procurando no ser visto por el guarda, que podía encontrarse en la tronera de la casa.
Ahora a penas hay árboles, ni camino para pasar, ni restos de aquella edificación, tipo cuadras o almacén, que estaba en la zona de las viñas.
La Dehesa es una extensa propiedad (más de 700 hectáreas) que fue comprada por el pueblo de Joarilla a Doña Pando Valdés, viuda de D. Domingo Díaz Caneja, en el año 1932. Se denominaba Dehesa de la Aldea de Santiago. Esto dice Luis Miguel Bajo en su breve historia del pueblo, y lo expresa muy bien la fotografía.
Vecinos de Joarilla asitiendo a la firma de compra de la Dehesa en uno de los salones de que disponía la antigua casa. (Año 1932)

Casi todos los vecinos tenían alguna parcela en dicho lugar, no sólo para siembra, sino también de viñedo, que por cierto producía uva de mucha calidad.
Después llegaron las concentraciones, los cambios en las propiedades y en la forma de vida y costumbres y de la antigua Dehesa solamente nos queda el recuerdo.

martes, 22 de junio de 2010

La imagen: El Equipo


Realmente se trata de un equipo de futbol de los que se formaban en el pueblo para jugar en la Alameda o en las Eras, que eran los lugares más apropiados para ello. Por aquellos años (la foto es de 1956), por menos de nada se organizaba un partido y hasta algunos se ponían también camiseta especial, e incluso el que hacía de portero, en este caso Eduardo, el que vivía en la plaza Mayor, lleva un turbante en la cabeza por lo del sudor. Me es difícil identificar a todos, pero se trata más de ver que de identificar.
Veo entre ellos a Toni, Eliseo, Anibal y Miguel, el vecino. Tan sólo uno, Manolo, sigue viviendo en Joarilla, aunque, como casi todos los demás, está ya jubilado. El tiempo pasa y donde mejor se advierte es en estas fotografías antiguas, cargadas de nostalgia y recuerdos. La forma de vida, las costumbres y las tradiciones han cambiado y, cómo no, también las personas.
En la actualidad reside cada uno en lugares distintos de Cataluña, Asturias, Madrid, o Castilla y León, pero casi todos, cuando se les presenta la ocasión, se acercan al pueblo para pasar unos días, ver a sus familiares y amigos, y saludar a sus antiguos y queridos vecinos.
Después de tantos años, solamente nos quedan imágenes como esta, que nos acercan a la niñez o juventud y en torno a las cuales se acumulan las vivencias.

lunes, 14 de junio de 2010

El Sacramento


Custodia de Joarilla.


Capa pluvial utilizada por el sacerdote en la procesión el día del Sacramento.
Imagen que tiene la vara de los cofrades del Santísimo en la parte superior.
Varios cofrades con vara ,en la fiesta de hace unos años.
La procesión pasando por la Plaza Mayor, adornada con flores y tomillo.
Pasando por la calle Mayor.
Al final de la calle Mayor, cerca ya de le Eras.


La procesión regresa de nuevo a la iglesia.


Un domingo, después del Corpus, se celebra en Joarilla el Sacramento, una de las fiestas más importantes del año. Y también seguramente que la más antigua, a juzgar por la documentación del archivo parroquial sobre la existencia de una cofradía ya desde el siglo XVI, que se encarga de realizar los actos, tanto religiosos, como no religiosos.
Antiguamente había Visperas y se repartían avellanas y vino a los cofrades, en la calle, a las puertas de la casa del mayordomo. También se contaba con orquesta, para animar la fiesta.
El domingo, día principal, se celebraba una misa solemne, con sermón aún más solemne, pues se contrataba también a un buen predicador. Destacaba la procesión con el Santísimo en la custodia, llevada por el sacerdote bajo palio.
La procesión recorría varias calles del pueblo y se organizaba así: Cruz parroquial (en este día salía la grande, la de plata, se decía); estandarte con la imagen del copón y la hostia grabados en él; el palio con la custodia llevado por miembros de la cofradía; sacerdote con capa pluvial, de color blanco y dorado, apropiado para el día; a su lado directivos de la cofradía y autoridades municipales; por último los demás personas del pueblo y los forasteros que acudían a la fiesta, sobre todo las mujeres, porque antes los hombres iban adelante, detrás de la cruz procesional.
La misa era cantada y en latín, solía ser la De Angelis. Tanto en la misa como durante la procesión las cantoras y todo el pueblo entonaban canciones religiosas, en este caso relacionadas con el Sacramento. Adoremos al Santísimo, Sacramento del altar…; Hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada…, etc.
El altar y toda la iglesia se adornaban, y también las calles del pueblo por las que iba a pasar la procesión, con flores, ramos, hierbas y plantas olorosas, etc. Y en las puertas, balcones y ventanas de las casas se colgaban colchas vistosas y algún mantón de Manila.
Se preparaban altares en las calles, en los que se detenía la procesión al pasar. Se rezaba una estación a Jesús sacramentado y el sacerdote bendecía a todos con la custodia.
En las casas se comía y bebía de modo distinto, que para eso era la fiesta. Y por la tarde-noche había baile, también a las puertas de la casa del mayordomo.
El Sacramento sigue celebrándose, aunque con algunos cambios en las antiguas tradiciones. Y es que al disminuir la población, son también menos los cofrades que participan en la organización de la fiesta.